COMENZAMOS EL TIEMPO DE ADVIENTO


 

¡NO MATEMOS LA ESPERANZA!


 

    Nuestra esperanza se fundamenta en el gran amor de Dios, que no nos abandona, que nos capacita para conocerle y poseerle, capaces de Dios. Esperamos porque somos amados. Esperamos porque podemos amar. Esperamos porque caminamos a la casa del amor. Esperamos porque podemos acercar aquí esa casa o ese reino del amor. Esperamos porque el reino de Dios ya está aquí, como dinamismo de superación y progreso. Esperamos porque Dios cuenta con nosotros y nosotros contamos con Dios.

     Por eso, a pesar de las derrotas y fracasos, esperamos. Siempre se pueden hacer las cosas mejor. Hay por doquier signos de esperanza. Volvemos a empezar. Volvemos a celebrar el Adviento. Confiamos también en el hombre; hay en él fuerzas positivas. Pero confiamos, sobre todo, en la fuerza que nos viene de Dios. “Todo es generosamente dado”.

    Pero la Esperanza es una de las tres grandes virtudes, junto a la Fe y a la Caridad.

    La Fe es una lámpara encendida, es luz en nuestra noche. Nos ayuda a entrar en los misterios más profundos de las cosas, de la vida, del hombre, de Dios. 

 

    La Caridad, es una hoguera que calienta y transforma. Quita nuestros fríos y da calor a la vida. Es un fuego que se contagia y que puede convertir el corazón en una llama.

    La Esperanza es una flor, que embellece e ilusiona. Cuando Dios no tenía más que dar al hombre, le regaló una flor. No sólo es bonita y adorna, sino que es viva, delicada, arriesgada. Invita a soñar, a pensar en otro mundo y empuja hacia él.

    La Fe es valiente, ahuyenta todos los miedos, supera todos los obstáculos, aunque sean como montañas, aplaca las tempestades, hace verdaderos milagros.

    La Caridad es ardiente, es poderosa, es la fuerza “que mueve las estrellas” y los corazones, es más fuerte que la muerte, puede entregar la vida y puede recuperarla, no teme morir y es capaz de resucitar.

    La Esperanza es omnipotente, sueña con nuevos mundos y los hace posible, si ve que, la fe o la caridad flaquean, les tiende su mano fuerte y delicada, y unidas, vencen en todo.

    La Fe es atrevida y confiada, es como un niño en brazos de su Padre y consigue de él cuanto quiera, verdaderas locuras.

    La Caridad convincente y seductora, es como una joven enamorada y llega siempre hasta el final; nada se le resiste.

    La Esperanza es paciente y alegre, aguanta todos los golpes con una  sonrisa, responde a las maldiciones con bienaventuranzas, es como un escalador invencible, como un talismán que convierte la dificultad en acicate, la derrota en victoria.

    La Fe, la Caridad, y la Esperanza van siempre juntas, son como tres hermanas, mutuamente se enriquecen y regalan, mutuamente se ayudan y completan, todas tienen un mismo origen y un mismo fin.

 

Tomás García Torres.

Director Espiritual.